Ser espectador del sexo ajeno se vuelve tentador cuando estimula
los sentidos y motiva deseos dormidos. En la actualidad, no implica una
conducta devaluada y algunos sexólogos recomiendan observar la
sexualidad de otros como estimulador del deseo o como modelo de
aprendizaje.
¡Ponele onda! 30 claves para mantener el sexo vivo
Lo prohibido atrae: romper las reglas,
no acatar los límites. De alguna manera, se trata de exponer los
impulsos y dejarlos ser. En nuestra sociedad actual, la conducta del
voyeur se ha vuelto bastante común, no sólo a través de mirar e
interesarse por la vida íntima de los otros, sino también para cultivar
esas falencias que se dan por una educación sexual limitada. Desde estos
permisos concedidos, empezamos a aceptar ciertos beneficios que pueden
surgir de observar la satisfacción de los otros.
Según el diagnóstico psicológico
basado en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales
(DSM IV), el voyeurismo es una conducta perversa, está considerada como
una conducta patológica. Pero en una sociedad donde el voyeurismo
permite aumentar el grado de satisfacción en las relaciones sexuales
(eligiendo sexo en grupo o lugares swinger, o intensificando el deseo a
través de ver el disfrute de otros) la connotación estaría condicionada a
una realidad social actual que muestra como normal lo que no lo es.
El voyeur encuentra la satisfacción o
el placer sexual observando la intimidad de los otros. Sin duda, los
medios o programas tienden a exacerbar esta conducta, a partir del
exhibicionismo permanente de desnudos que tienden a motivar el deseo de
adquisición de lo que se muestra. El exhibicionismo siempre va de la
mano del voyeur, es su polo opuesto. El goce está en exhibir el
desnudismo o la intimidad y, al hacerlo, sentir placer. Debemos ubicar
la mirada en lo que nos pasa internamente: ¿qué necesitamos del
exhibicionismo, del coqueteo, de la seducción y la histeria para lograr
una satisfacción?
En el ámbito terapéutico, muchas
veces los especialistas fomentamos el voyeurismo cuando invitamos a
observar la sexualidad ajena, como en el caso de mirar videos que
muestran escenas sexuales que sirven como estimuladores del deseo o como
modelo de aprendizaje y de evaluación de la propia sexualidad. En
distintos campos, debemos preguntarnos cuánto hacemos para potenciar
esta conducta.
Cuando este tipo de conductas se
encuentran dentro de los cánones establecidos y no implican un daño
suelen ser vistas como naturales, mientras sea concensuado en el terreno
de la pareja. Por ejemplo, cuando una pareja siente que estimula su
sexualidad tener sexo en grupo o hacer tríos mientras alguno de ellos
juega como espectador, debe ser aceptado por ambos miembros con pautas
claras. Entonces, esto una normativa autorizada por esa pareja, lo que
disminuye el potencial nocivo que ciertos diagnósticos le asignan.
Muchas escenas son verdaderos
estímulos a la hora de tener sexo. No estoy en contra de estos estímulos
que enriquecen y son motivadores del deseo, pero creo que todo debe
darse dentro de los cánones -en cierto modo- lógicos, sin exponer los
aspectos vulnerables o susceptibles de los otros y con el máximo respeto
por la integridad física de cada quien.










